Como parte del proceso de medición de la voz del cliente, resulta fundamental integrar todo el conocimiento, sumar fuentes de opinión e información disponibles en diferentes espacios de la compañía. Luego, es clave poner en acción ese conocimiento que obtenemos de nuestros clientes y para eso el desafío es: poner esos emergentes en la agenda cotidiana, trabajar con ellos. Definir procesos y roles que nos ordenen quién la va a gestionar y compartir y cuándo, ya que darle sentido darle sentido es utilizar esa información para implementar mejoras y cambios que satisfagan las expectativas de nuestros clientes. Para saber si estamos en el camino correcto o si necesitamos realizar ajustes, es esencial medir y evaluar el impacto de nuestras acciones.